Terapia de reemplazo de nicotina ¿Cuál es mejor para dejar de fumar?

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El tabaco a día de hoy, es la droga legal más consumida del mundo, a pesar de las intensas y costosas campañas publicitarias que se hacen para dejarlo. De nada sirven las advertencias sanitarias y mediáticas, la gente sigue fumando como carreteros y cuando toca dejarlo, la adicción y dependencia es tan grande que la persona en muchas ocasiones abandona el tratamiento. Un estudio reciente del mes pasado, realizó una prueba aleatoria que ponía en juego algunos tratamientos para dejar de fumar, a saber, el famoso cigarrillo electrónico y la terapia de sustitución de nicotina, que se basa en los famosos parches y chicles. Los datos arrojan datos positivos a favor del cigarrillo electrónico que presume de provocar un 18% de abstinencia frente al 9% de la TRN. 

¿Cómo contrarrestar la nicotina?

La nicotina es un alcaloide bastante popular desde hace siglos. Muy consumida por los indígenas latinoamericanos que aún no estaban civilizados, hasta que se introdujo en Europa en el siglo 16 por Jean Nicot, entre otras cosas, como un remedio natural para calmar las jaquecas que sufría la Reina de Francia, Catalina, en aquel entonces.

Es una de las sustancias más adictivas que existen, comparándose con la cocaína y la heroína en este punto, sin embargo, tiene la ventaja de no deteriorar las capacidades cognitivas del individuo, de ahí que sea legal y mejor concebida por la sociedad. Cada cigarrillo convencional, contiene aproximadamente entre 0,5 y 1 mg de nicotina que ejercen un efecto sobre el sistema nervioso aproximado de 2 horas.

Naturalmente, en fumadores habituales, este tiempo supone un intervalo de descanso entre cigarrillos, ya que cuando su concentración disminuye, el mono aparece.

La nicotina está asociada al alto grado de adicción que presenta el tabaco, es más, de las más de 1000 sustancias que contiene un cigarro, sólo ésta tiene propiedades psicoactivas. Asimismo, junto a este inconveniente, se encuentra un fuerte efecto toxémico generado por el resto de sustancias que contamina todo el sistema circulatorio. Debido a ello, se establecen, o mejor dicho, se intentan establecer medidas y estrategias sociales y sanitarias que impidan o dejen de fomentar el hábito de fumar.

Se sabe que la nicotina incrementa los niveles de dopamina a nivel extracelular, especialmente en el encéfalo, justamente en el núcleo accumbens. Este centro neuronal controla los sistemas de recompensa del organismo y sus neuronas sintetizan el neurotransmisor GABA, cuya acción, hemos comentado en algunas ocasiones, se basa en inhibir el sistema nervioso central, proporcionando tranquilidad y combatiendo la ansiedad.

Nuestras conductas van encaminadas hacia un hedonismo inexorable, donde la búsqueda del placer y la ausencia de dolor parecen ser nuestros objetivos principales. El cerebro humano necesita sentirse bien, por muy capaz que sea de afrontar situaciones emocionales adversas, le encanta sentirse bien y que la dopamina inunde todos sus tejidos.

Una vez que experimenta una liberación de este neurotransmisor en grandes cantidades, memorizará ese suceso en su código virtual para activarlo en cuanto tenga la oportunidad. Algo parecido a la sensación que te produce tomar un postre después de cenar o el orgasmo que incentiva la práctica del coito.

La nicotina para entendernos, hace que nuestro cerebro se sienta de maravilla, es más, bioquímicamente le beneficia, ya que potencia el bienestar, estimula el intelecto, aumenta la concentración, produce vasoconstricción, despierta la motivación y regula el apetito. Este último efecto, se debe a que facilita la liberación de norepinefrina, que actúa como anorexígeno, reduciendo las ganas de comer.

De manera aislada, no supondría un problema de salud, tal vez a nivel tensional, sin embargo, como el cigarro está cargado de lacra (alquitrán, formaldehído, monóxido de carbono, ácido carbólico…), el consumo excesivo del mismo impulsado por los efectos de la nicotina, hace que la persona se vuelva vulnerable frente a multitud de patologías respiratorias y cardiovasculares, la más destacada, el cáncer de pulmón. Esta situación desencadena miles de muertes al año y decenas de millones de euros gastados en seguridad social.

Los métodos utilizados en la práctica para dejar de fumar no han sido muy exitosos. Etiquetas en los paquetes de cigarrillos alertando de riesgo de cáncer, pancartas y dibujos en las paredes de los hospitales, las impactantes estadísticas de personas con cáncer de pulmón provocado por el tabaco, el elevado precio que tiene, los consejos del médico en consulta… Parece que nada resulta efectivo.

Este panorama tan desalentador ha forzado la llegada de alternativas menos dañinas para los fumadores que a largo plazo reflejen un resultado positivo en cuanto a abstinencia absoluta, como el cigarrillo electrónico, los parches de nicotina, los chicles y las terapias cognitivo-conductuales.

Realmente, una persona fumadora, en lo más profundo de su alma quiere dejar de fumar, sin embargo, se ve incapaz de hacerlo. Esta situación está relacionada, naturalmente, con la dependencia a la nicotina y además con un marcado inconformismo personal, que puede estar alimentado por una infelicidad disimulada, conflictos domésticos o baja autoestima.

La terapia psicológica es muy interesante, personalmente la considero altamente efectiva. Considero vital entender la razón verdadera por la que la persona siente tanta necesidad de fumar. Es cierto que según la literatura científica, existe una pequeña predisposición genética, pero ¿por qué hay personas que se bastan con 5 o 6 cigarros diarios y otras requieren 20 o 25 para controlar su adicción? Y no vale el argumento de la nicotina, pues es lógico que el organismo se adapta progresivamente y necesita una dosis mayor para experimentar el placer que anhela.

Todo apunta hacia un conflicto interno. Se ha hablado en anteriores artículos, el tabaco no es más que otra valvulita de escape para lidiar y soportar el ritmo de vida que nos marcamos en la actualidad, lleno de desdichas, desgracias, trabajos mal pagados, parejas que no se desean… Y curiosamente muchas son aparentes e ilusorias.

Los medios de comunicación se encargan de llenar nuestra mente de basura y producir un miedo interno crónico en el tiempo, que influencien nuestra conducta. Si analizamos el perfil de fumadores mayoritario entre la población, casi todos sufren estrés o una falta de motivación. Pregunta y lo descubrirás.

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Cigarrillos electrónicos VS Parches de Nicotina

Entre las terapias de reemplazo de nicotina que sirvan para dejar de fumar, no farmacológicas, se encuentran los parches y el uso de cigarrillos electrónicos.

Los cigarrillos electrónicos han sido reprobados por la OMS y el SEPAR en 2014, ya que alientan a que los jóvenes se inicien antes al hábito de fumar y no suponen un beneficio neto a largo plazo. El problema de los cigarrillos electrónicos es la falta de información y accesibilidad que presentan, lo que provoca que los más novatos/as abandonen su consumo y retomen los cigarrillos convencionales.

El cigarrillo electrónico está libre del 95% de sustancias tóxicas que presenta el tabaco normal, especialmente alquitrán, que es el más problemático, considerado además como un poderoso carcinogénico. Tiene un gran contenido de propilenglicol, que conforma la mayor parte de los e-liquids. Suele causar irritación en la garganta y aunque se le considere seguro no tiene ningún beneficio para la salud.

El alquitrán del tabaco se acciona mediante la combustión. Cuando se produce, pequeñas partículas son las que llegan a nuestro interior. Al consumirse en grandes cantidades (por ejemplo 10 o 15 años) impregnan los cilios ubicados en las mucosas del tejido pulmonar, cuya función es atrapar toxinas y bacterias provenientes del exterior.

Si los cilios pierden la capacidad de adherirse a gérmenes y xenobióticos, el alquitrán alcanza los alvéolos y estimula una excesiva actividad inmunitaria, ya que atraerán una gran cantidad de macrófagos. Esto inflama los tejidos y los daña, necrotizando el endotelio que recubre al alvéolo, limitando su capacidad de segregar surfactante pulmonar y fomentando una fibrosis acelerada, que puede disgregarse e invadir los tejidos externos. Asimismo, esta vulnerabilidad también beneficia el nacimiento de infecciones, problemas respiratorios…

Algunas fumadores como el gran Antonio Escohotado, utilizan un filtro que neutraliza el alquitrán, según él, puede ser uno de los motivos por el cuál, a pesar de haber sido muy fumador, no ha desarrollado cáncer en su cuerpo.

Los parches de nicotina transdérmicos aportan un suministro continuo al organismo, entre 9 y 50 mg, que dependerá del ritmo de consumo del individuo. Los parches generalmente se utilizan cada 16 horas, en el antebrazo, el muslo o las caderas. Es importante no colocarlo siempre en la misma zona. El parche a diferencia del cigarrillo electrónico solo contiene nicotina, pero su uso no es muy efectivo, ya que como refleja el estudio, sólo 9 de cada 100 personas consiguen dejar de fumar con este método.

Otras terapias alternativas sin receta son los chicles de nicotina, las grageas, sprays e inhaladores. Lamentablemente no presumen de éxito. Ahora bien, tanto los cigarrillos como los parches se pueden reforzar con apoyo conductual, seminarios, prácticas de concienciación, actividad física y un cambio de aires que se comporte como un motivador externo para el individuo.

Como nutrientes esenciales que ayuden a abandonar el consumo de cigarrillos, podemos utilizar glutamina (1 gramo diario), niacina, vitamina C, omega 3 y magnesio, este último vital para evitar las recaídas.

Espero que os sea de ayuda. A ver si alguien es capaz de dejar de fumar del tirón. Método más barato. ¡A seguid sanos/as!

Referencias:

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30714574

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28762314

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30699054/

http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1729-519X2007000100006

Autor »El rincón del sano

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