Cáncer de próstata y consumo de leche

Resumen: La complejidad de la leche en cuanto a sus componentes nutricionales establece múltiples relaciones con diferentes patologías en el ser humano. El cáncer de próstata es una de ellas y quiero arrojar luz al respecto, aclarando que el consumo de leche puede afectar al desarrollo y la proliferación de células tumorales. Naturalmente, los casos son reducidos y es necesario matizar que el papel carcinogénico de los lácteos sobre la próstata pudiera ser irrelevante en cómputos generales, debido a la gran cantidad de variables que existen.

¿Tomar leche es malo para la próstata?

Si tuvieramos que quedarnos con un alimento tremendamente conflictivo y controversial, este sería sin duda la leche. Hemos dado varias reseñas y apuntes sobre su consumo en varios artículos, y sin dejarnos llevar por la radicalidad y los intereses personales, tenemos que decir que la leche no es tan mala como la pintan, ni tampoco un alimento imprescindible en nuestra dieta. Se la acusa constantemente de ser culpable de muchos trastornos de salud, como la osteoporosis, hiperestrogenismo, resistencia a la insulina o cáncer de próstata. Este último es del que vamos a hablar.

El consumo de leche en España no es tan grande como pueda ser en otros países más septentrionales, como Reino Unido o Suecia, sin embargo, tomar leche y sus derivados a diario, aunque sean pequeñas cantidades, puede promocionar la aparición de diversas enfermedades de origen multifactorial. El cáncer de próstata es una patología que únicamente afecta a los hombres. Esta glándula comienza a dar guerra a partir de los 50 años. Se recomienda realizarse el primer chequeo cumplidos los 40 para descartar la aparición de algún tumor benigno. La próstata es un órgano que aumenta su tamaño con el paso de los años. En algunas personas, dependiendo de su genética, estilo de vida, alimentación… Pueden experimentar un agrandamiento excesivo de la misma que les ocasionará problemas de micción, en sus relaciones sexuales o incluso una acentuada susceptibilidad a las infecciones de orina.

La pregunta que nos hacemos, es que tiene que ver la leche con los problemas de próstata, en especial el cáncer. La ingesta frecuente de productos lácteos está relacionada con la aparición de tumores prostáticos, algunos estudios la correlacionan de manera positiva y otras negativamente. De ahí que al principio, afirmase que en términos generales, la leche no es culpable de desarrollar un cáncer de próstata, aunque ligeramente si que puede tener cierta influencia.

Tristemente, cabe decir que casi todos los estudios trabajan con muestras reducidas de sujetos, en otros casos, se hacen con animales. Por ello, muchas veces no puedes decantarte por una postura, ya que dependiendo del contexto, la cosa puede cambiar enormemente.

¿Posibles culpables?

La verdad es que no quería hacerlo muy largo, así que he recopilado los 4 posibles culpables, contenidos en la leche, que pueden estar relacionados con el cáncer de próstata.

Caseína. Proteína abundante en la leche, constituye el 80 por ciento del valor proteico. En cada litro de leche, encontramos unos 30 gramos de caseína, alfa, beta y kappa. De la betacaseína, ya hablamos en un artículo. Las alfa s1 y s2 se han relacionado con la proliferación de células tumorales en la próstata. Según este estudio, la caseína parece incrementar la expresión de las líneas PC3 y LNCaP, especialmente las alfa 1. Casi todos los rumores que involucran el consumo de leche con el desarrollo de cáncer de próstata apuntan a las caseínas que contiene. Se cree que es porque estimulan la producción de IGF-1 en el hígado, hormona de la que hablaremos a continuación.

IGF-1. Factor de crecimiento insulínico. Su síntesis depende de los niveles de hormona del crecimiento. Se libera en muchos tejidos y en especial en el hígado. Su función es promover el crecimiento del organismo y participa activamente en la proliferación celular. Curiosamente inhibe la apoptosis celular. Este dato puede acercarnos a la idea principal, pues que papel juega esta hormona en la carcinogénesis prostática. Generalmente la expresión de IGF-1 está fuertemente pronunciada hasta los 35 años, donde comienza a decrecer progresivamente. La detección temprana de un cáncer de próstata suele darse entre los 55 y 65 años, edad donde esta hormona ejerce una actividad francamente baja. Es aquí donde entra la caseína y si es cierto que un consumo elevado de la misma pueda incentivar la expresión de las somatomedinas, generando una proliferación celular descontrolada. La IGF-1 presente en la leche queda descartada, pues aunque no se destruye totalmente por los procesos de pasteurización, los ácidos gástricos si que alteran su estructura.

Estrógenos. Estas hormonas están presentes en buenas cantidades en la leche entera. Son altamente lipófilas, especialmente el estradiol. En muchos cánceres hormonodependientes, las fuentes dietéticas ricas en estrógenos como la soja, la mantequilla o la leche entera suelen estar desaconsejados por su posible repercusión negativa sobre la expresión de células tumorales. Algunos expertos coinciden en que sólo son susceptibles de sospecha los lácteos enteros, cuyo porcentaje de grasa es considerable. Como los estrógenos son liposolubles, puede que estos pasen al torrente sanguíneo y generen ciertos cambios a nivel celular. Las concentraciones de estrógenos en hombres suelen ser bajas, y salvo defectos a nivel genético o una sobreexpresión de la aromatasa no tienen porque repercutir negativamente sobre la próstata. Naturalmente los que contiene la leche no son ni de lejos responsables de la formación de un tumor. Este estudio correlacionó el consumo de lácteos en gran cantidad con la progresión de tumores asentados en ratones. Según el mismo, no se observaron complicaciones ni fomentaron el avance del tumor. Eso sí, hay que decir que la duración de este protocolo dietario fue de unos 8 meses. La población en general suele consumir lácteos toda su vida, por lo que no es extrapolable.

Triptófano. Aminoácido esencial imprescindible para el ser humano. De él dependen directamente la síntesis de neurotransmisores como la triptamina, la serotonina y la melatonina. También funciona como reservorio de niacina, ya que por cada 60 mg de triptófano el organismo produce 1 mg de vitamina B3. La degradación del triptófano en otros metabolitos da lugar a diversas sustancias que pueden estar relacionadas con algunos trastornos de salud. En este caso el que veo yo con más papeletas de salir a la palestra es el ácido antranílico. Este ácido tiene cierta afinidad por formar compuestos sólidos y cristalinos, que se acumulan en la vejiga. Curiosamente se utiliza para fabricar sacarina sódica, un edulcorante que se ha asociado con la aparición de cáncer de vejiga en ratas de laboratorio. Es posible que algunos compuestos viajen hasta la próstata quedándose allí almacenados y provocando mutaciones y daños a nivel celular. Esto tal vez sea vea acentuado por la adición de edulcorantes a la leche como el ciclamato y la sacarina previamente dicha, aunque ya sería otro cantar. Algunas personas, la poca o mucha leche que toman suele ir acompañada de café, al cuál para mitigar ese sabor amargo se le echan edulcorantes, que no contienen calorías a diferencia del azúcar. No podemos olvidar tampoco que la glándula prostática libera fibrinógeno, precursor de la fibrina. Esta proteína puede generar pequeñas fibrosis alrededor de la próstata si se ha producido algún daño sobre la misma, como en el caso de los ácidos o alguna infección.

Conclusión

Después de haber resumido brevemente los posibles culpables de la relación que tiene la leche con el cáncer de próstata, nos queda aclarar que este inconveniente obedece a una causa multifactorial. La etiología de un cáncer de próstata engloba muchos más factores que el consumo de lácteos, aunque es posible que la leche pudiese tener cierta influencia, no lo niego, no supone un argumento sólido como para estigmatizarla y desprestigiarla. Aunque personalmente, ya sabéis los que me leéis, que no aconsejo su consumo regular (salvo personas que busquen una hipèrtrofia muscular).

Dicho esto, si hablamos sobre la leche y sus posibles efectos carcinogénicos a nivel prostático, debemos considerar lo siguiente:

  • Cantidad de lácteos que se toman a diario.
  • Si se toman desnatados o enteros.
  • Si se endulzan con azúcar o edulcorantes.
  • Si se ha detectado una hiperplasia benigna de la próstata antes de su consumo.
  • Si el individuo es promiscuo.
  • Si existen antecedentes de cáncer de vejiga o próstata.
  • La alimentación del individuo.
  • Sedentarismo.
  • Consumo de fármacos.

En resumen, si aislamos y excluimos como único culpable a la leche, llegaríamos a la conclusión de que no es un firme agravante del desarrollo de un cáncer de próstata. Para cerciorarnos si tenemos un cáncer es necesario hacer la prueba del antígeno prostático, conocida como PSA, mediante un análisis de sangre.

Ya sabéis ¡a seguid sanos/as!

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