5 errores en tu trabajo que impiden la pérdida de peso

Las horas que pasas en el trabajo pueden superar al tiempo que pasas en casa. Por ello, es importante que más allá de seguir una estricta dieta que indica lo que consumirás en las 3 comidas principales, debes estar atenta a esas otras rutinas que tienes en la oficina, las cuales pueden descarrilar tu plan de pérdida de peso.
Para no caer en esas tentaciones, es importante identificar esos posibles errores. Así que se presentan los errores más comunes que entorpecen el plan de pérdida de peso cuando estás en tu sitio de trabajo.

1- Saltar el desayuno para llegar a la oficina temprano.

Ser la primera en llegar a la oficina puede ayudarte a adelantar cosas pendientes de tu lista de tareas. Pero comenzar el día sin ningún combustible te prepara para un choque de energía a media mañana.
Como resultado, terminarás buscando calorías dondequiera que las encuentre, como los pasteles del cuarto de descanso, esos que siempre aparecen en los días en los que tu fuerza de voluntad te abandona.
La alternativa más sana es despertar unos minutos antes para darte tiempo suficiente para comer un desayuno saludable en casa. Cualquier combinación de proteínas, carbohidratos complejos y grasas saludables es una buena opción.
Considera un plato de huevos revueltos con verduras y tostadas de grano entero, o harina de avena con 2% de leche, una cucharada de nueces y algunos frutos.
¿No tienes tiempo para comer en casa? Entonces llévate una barra de granola de bajo contenido de azúcar, junto con dos huevos duros y ¾ taza de bayas.

2- Aceptar los dulces de tus compañeros de trabajo.

Un mini chocolate aquí y un caramelito allá tal vez no parezca gran cosa. Pero al sumar estos dulces, especialmente cuando los comes todos los días, puede ser perjudicial.
Un caso puntual: Tres barras de chocolate de tamaño pequeño contienen 240 calorías, que es casi lo mismo que la barra completa.
En un mundo perfecto, no aceptarías nada. Pero en la realidad, tienes que considerar un ejercicio de introspección: pregúntate a ti mismo por qué lo haces, si realmente tienes hambre, o si lo haces sólo porque estás acostumbrado a este tipo de interacción social.
Una vez que averigües lo que realmente está pasando, puedes encontrar otras maneras de alimentar esta necesidad de socializar, como interactuar con tus compañeros de trabajo en la sala de descanso para una charla rápida sobre el café.

3- Almuerzas en tu escritorio.

No es ningún secreto que la pizza y las hamburguesas no son las opciones más sanas del almuerzo. Pero incluso si lo que estás comiendo es una opción saludable como una ensalada con pollo a la parrilla, el que lo hagas frente a tu computador puede crear más problemas.
Mirar fijamente la pantalla de tu computadora mientras comes significa que no estarás prestando atención a la cantidad de comida que ingieres.
Por ello, debes hacer todo lo posible para alejarte de tu escritorio. Sal afuera si es agradable, o invita a un colega y coman juntos.
Y para aquellos momentos en los que realmente no puedes escapar, intenta la estrategia a medias. Reduce la mitad de tu almuerzo y come una mitad mientras trabajas, y luego guarda el resto para un bocadillo de media tarde cuando tengas tiempo para un break, lejos de la computadora.

4- No traes bocadillos de casa.

Puede ser que no consideres que necesitarás un bocadillo al mediodía, o piensas que te ahorrarás en calorías eliminando ese bocado de la tarde. Pero cuando tu estómago comienza a retumbar y no tienes un bocadillo saludable a mano, irás a parar derecho a la máquina expendedora. O peor, a la cafetería a la vuelta de la esquina.
Hazte un favor y almacena en tu escritorio varios bocadillos saludables que permanecerán frescos durante días o semanas. Las galletas de grano entero y los paquetes individuales de mantequilla de nuez son algunas opciones.

5- Te quedas trabajando hasta quedarte sin energía.

Esto podría impresionar a tu jefe, pero sin duda aumenta las posibilidades de que te agotes en exceso y termines el día sin energía, por lo que al llegar a casa terminarás optando por comida chatarra, ya que está lista y no requiere de un mayor esfuerzo.
Llevar un refrigerio saludable en tu bolso para el recorrido de regreso a casa, o preparar cenas ligeras al comienzo de la semana, son dos formas de contrarrestar el escenario de “tengo hambre, pero estoy muy cansada para cocinar, así que me conformo con lo que pueda devorar de la nevera.”

Artículo escrito por Nutrición sin más.

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